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La rabdomiolisis por esfuerzo
05/08/18

Cuando las agujetas (Dolor muscular de aparición tardía) se convierten en una lesión que puede ser muy grave...


La rabdomiolisis es un trastorno producido por una alta desintegración de las fibras musculares, algo así como las agujetas más graves que se pueden sufrir. Las células musculares dañadas durante el ejercicio físico pasan al torrente sanguíneo causando serios problemas renales debido a algunas de las proteínas liberadas en sangre, tales como la mioglobina. La gravedad de los síntomas, que en general consisten en dolor, vómitos y confusión, depende del grado de daño muscular y de si se desarrolla o no una insuficiencia renal.

¿Por qué se produce la rabdomiolisis por esfuerzo? Cuando se realiza un ejercicio físico extenuante, en lugar de provocar diminutas roturas en las fibras musculares, se destruye (literalmente) el tejido muscular. Los residuos musculares pasan a la sangre y, a través del sistema circulatorio, llegan a los riñones. Algunas de las células musculares destruidas, tales como la proteína mioglobina, son especialmente dañinas para el riñón, pudiendo causar insuficiencia renal aguda según la intensidad del ejercicio físico y el grado de destrucción de los tejidos afectados.

El síntoma más característico que acompaña a una posible afectación por rabdomiolisis es, además de dolor agudo, movilidad reducida, confusión o vómitos, observar un color mucho más oscuro de lo habitual en la orina. La rabdomiolisis por esfuerzo se da en casos de entrenamientos severos en personas no habituadas a dicho esfuerzo, pudiendo aparecer también en personas que hacen uso de aparatos de electroestimulación sin tener los conocimientos necesarios para ello.

¿Cómo prevenir la rabdomiolisis por esfuerzo? Obviamente, entrenando con cabeza. Hay que regular la intensidad del ejercicio según las características físicas de cada persona, teniendo en cuenta que lo que funciona en un deportista puede resultar peligroso en otro. En el caso de la electroestimulación, siempre hay que ponerse en manos en un profesional o, en su defecto, hacer uso de programas de entrenamiento de baja intensidad para ir conociendo la respuesta del organismo. De una manera o de otra, la mejor opción pasa por entrenar de forma gradual, aumentando la intensidad del ejercicio según va mejorando la capacidad muscular, y sobre todo alimentarse e hidratarse de forma correcta antes, durante y después de los entrenamientos.

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